Javier Prades
Exposición en Bruselas: El realismo de Gaudí y la esperanza de Europa
Alfa y Omega, 30.10.2008
La piedra sobre la que se construyó, hace muchos siglos, Europa sigue viva en construcciones como la Sagrada Familia, de Antonio Gaudí, en Barcelona, pero, con una mirada atenta, podemos descubrir también su presencia en obras de otra naturaleza, como la propia Unión Europea. En Bruselas, con asistencia de numerosas autoridades comunitarias, se ha expuesto The realism of Gaudí and the hope of Europe. Próxima sede: Milán, del 29 de noviembre al 8 de diciembre
¿Pueden tener algo en común la construcción de la Sagrada Familia en Barcelona y la construcción de la Unión Europea? A esta pregunta fueron llegando el Vicepresidente del Parlamento europeo, Mario Mauro, y un escultor japonés que trabaja en la gran obra de Gaudí, Etsuro Sotoo, mientras admiraban desde una torre el espectáculo único del templo. Prosiguieron el diálogo tomando un café, y dieron con algunas respuestas. Por ejemplo, que ambas construcciones nacieron de la atención a la realidad de sus artífices: Antoni Gaudí y los padres de la Comunidad europea (Schuman, Monnet, Adenauer, De Gasperi); que ellos amaban lo que hacían, con un afecto intenso por sus proyectos, por muy desmesurados que parecieran; que ambas construcciones sólo alcanzarían su objetivo si se mantenían fieles al origen que las impulsó...
¡Cuántas veces estas reflexiones terminan con el último sorbo del café! En esta ocasión, sin embargo, presenciaban la conversación un industrial, Diego Giordani, y una arquitecta, Chiara Curti, afincados en Cataluña. Se les ocurrió sobre la marcha un reto poco menos que desorbitado, dadas sus pobres fuerzas: ¿Y si montásemos una exposición sobre los orígenes de la Sagrada Familia y el nacimiento de la Comunidad europea, para comunicar a todos el significado de estas obras? Mauro recogió el guante y se comprometió a acompañarlos en la tarea. Meses más tarde, en octubre de 2008, se inauguraba solemnemente, en la sede del Parlamento europeo, la exposición The realism of Gaudí and the hope of Europe.
Con la intervención del Vicepresidente del Parlamento, del Comisario para el Transporte, de los arquitectos José Manuel Almuzara (Asociación de Amigos de Gaudí) y Jordi Bonet (arquitecto jefe de la Sagrada Familia), del escultor Sotoo, en presencia de muchos parlamentarios y otros invitados, quedó abierta la exposición. En los amplios pasillos del Parlamento resplandecía una pre-ciosa maqueta de la nave central de la Sagrada Familia. A su alrededor, los paneles con el relato de la exposición. Además, los visitantes podían pegar una piedra de mosaico con su nombre en uno de los pináculos que coronarán el templo. Quedará así constancia de su participación en la obra eclesial.
Desde dentro de una institución que ha llegado a censurar la evidencia de las raíces cristianas de Europa ha sido posible proclamar con sencillez el verdadero origen del proyecto europeo. Son esas ironías del Señor, que se sirve de los débiles para confundir a los fuertes, de lo que no cuenta para vencer a lo que cuenta.
Algo similar sucede con las obras de la Sagrada Familia. Gracias a la contribución de la gente normal, sin ninguna ayuda de las Administraciones públicas, se va a culminar una de las iglesias más extraordinarias de la Europa contemporánea. La silueta de este templo expiatorio ya se ha convertido en el logotipo que identifica a su ciudad ante el mundo, sin que nadie lo haya programado.
No son tiempos fáciles para la Europa que amamos y de la que procedemos. Desde luego, el camino que está siguiendo Bruselas suscita un malestar cada vez mayor. Por eso, al ver en acción a los promotores de esta iniciativa, resuena con más fuerza el criterio cultural de Benedicto XVI, hablando en París de los monjes medievales: «Hay que decir con gran realismo que no estaba en su intención crear una cultura y ni siquiera conservar una cultura del pasado. Su motivación era mucho más elemental. Su objetivo era: Quaerere Deum, buscar a Dios. En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial: trabajar con tesón por dar con lo que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida. Buscaban a Dios».
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